Esos pasillos
Donde solíamos recorrer, teníamos
Toda la vida
Más no pudiste Volver,
Gratas las blancas memorias
Que me guardaste en verano.
O en las cortinas de tu ventana
El viento soplaba
Silenciosamente la
Alegría de mi llegada.
Las mismas paredes
Donde grabada Tu voz
Estaba Y al sonido
Que regresaba solo
Para darme cuenta
Que ya no había
Esperanza, llovía
Mi corazón y en los valles
Inmensos de mi armadura
Rojiza se tendía la
Lluvia divina.
En los mares
Salados donde quedaba
Tu cuerpo Flotando,
Sentí el claro beso
Tierno de tu despedida
Y cuando levante la
Mirada estaba el padre
Alado de mi morada
Tendiendo su mano
Hacia nuestras almas.
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